miércoles, 1 de enero de 2014

¿A nadie se le puede obligar a ser madre?

El niño tiene derechos desde el momento de ser concebido, y el ejercicio de cualquier otro hipotético derecho que ponga en peligro la vida de ese niño se ha de considerar como un crimen, sin que la legislación o la despenalización del aborto puedan hacer pasar por bueno lo que intrínsecamente es malo, al igual que la esclavitud, o el antijudaísmo no dejan de ser lacras sociales del pasado por más que las legislación más modernas en su época reconocieran derechos a los genocidas y a los esclavistas.


El presidente de Extremadura, Sr. Monago, ha hecho uso de su discurso de fin de año para defender sus postura poco democrática y retrograda frente al derecho a la vida.

Efectivamente, el Sr. Monago en una síntesis de su pensamiento que el consideraba pura maestría intelectual, ha llegada a afirma que "a ninguna mujer se le puede obligar a ser madre"; bonita afirmación para un representante político que dice ser demócrata, y que me imagino que irá diciendo que defiende la igualdad entre los hombres y mujeres.


Desde luego su afirmación es poco democrática, pues a esta alturas parece mentira que se defienda el derecho de la madre a ser madre o no serlo y no se reconozca el derecho del padre a ser padre o no serlo. Parece mentira que en una democracia que pretende ser igualitaria se le obliga al padre de la criatura a no ser padre, si la madre decida abortar al ser vivo que lleva en sus entrañas, o se lo obligue a ser padre y pasar la correspondiente pensión alimenticia si la madre decide continuar con el embarazo, aún en contra de los intereses del padre.

Es evidente que en ejercicio de tesis democrática e igualitarias no se puede defender ese hipotético derecho a la elección femenina de la maternidad, si no se reconoce el mismo derecho al padre a elegir libremente si quiere o no ser padre.

Pero es que la tesis del señor Monago es algo mucho peor que antidemocrática: es una tesis retrógrada por cuanto nos sitúa en espacios jurídicos que creíamos superados en la vieja y cada vez más caduca Europa.

Antaño han existido diversas tesis jurídicas donde a determinados colectivos se les privaba de sus derechos con el sencillo expediente jurídico de no reconocerlos previamemente como personas titulares de los mismos. Así las tesis esclavistas encontraron durante siglos su coartada jurídica en el fácil expediente de no reconocer a los negros el carácter de seres humanos dotados de raciocinio o alma, de esta manera si el negro no tenía raciocinio o alma, no podía ser considerado ser humano, no podía ser titular de derechos, y era legítimo esclavizarle, o eliminarle si su vida suponía una carga para su amo.

En la Alemania nazi se uso un argumento similar para rechazar a los judíos. Se hizo suponer que el judío era un peligro social, y al ser tratado como un delincuente se le privaba de todos sus derechos, quedando en manos del estado eliminarle, usarlo como mano de obra, o en el mejor de los casos expulsarle.

Así podríamos seguir con una larga lista de excluidos sociales que a lo largo de la historia han visto mermados o negados sus derechos por pertenecer a determinados grupos, colectivos, o tener determinadas características. Así se han justificado históricamente el trato discriminatoria de los enfermos, de las mujeres, y de mayorías o minorías religiosas, etc.

Por ello resulta evidente que la tesis mantenida por el señor Monago es un tesis retrógrada pues reconocer el derecho a la madre supone no reconocer los derechos del niño, y de ese modo no existiendo una vida intrauterina, no es necesaria reconocer más derecho que el de la madre. Es decir que la mujer embarazada hoy en día pasa a ocupar la posición del amo esclavista de hacer unos siglos, y si este podía disponer de la vida del esclavo, aquella puede disponer de la vida del niño. A esto se le llama regresión histórica, además de crimen.

Pero para más ironía política resulta que el señor Monago se alinea (queriendo o sin querer, es decir, desde la ignorancia o desde la estrategia política) con las tesis de los independentistas, de los insumisos fiscales o de los maltratadores.

Si a una mujer que tras un hecho voluntario se queda embarazada (a lo mejor es necesario explicarle al señor Monago como una mujer se queda embarazada) se le reconoce el derecho a elegir sobre su maternidad, y según el señor Monago a ninguna mujer se le puede obligar a ser madre, ¿por qué a un independentista se le puede obligar a ser español, si además en su caso no hay un hecho previamente voluntario de adquisición de estado a diferencia que en el caso de la mujer?, ¿o por qué a un ciudadano se le puede obligar a ser contribuyente?, o ¿por qué a los salvajes que tratan a las mujeres con violencia se les puede obligar en el sentido que reconozcan a la mujer en igualdad de derechos, y de dignidad?

Pero es más ¿si a una mujer no se le puede obligar a ser madre, por qué no se les puede reconocer a las madres el derecho a dejar de ser madres cuando su hijo cumple los 14 años y se convierte en un problema difícil de gestionar?, o ¿por qué se obliga a una mujer a ser madre de un hijo que tras un accidente queda disminuido físico o psíquico?, y así podríamos continuar hasta el fin de los tiempos si siguiéramos razonando según el loco, falaz, insustancial, y disparatado argumento del señor Monago.

Que no se engañe el señor Monago, el niño tiene derechos desde el momento de ser concebido, y el ejercicio de cualquier otro hipotético derecho que ponga en peligro la vida de ese niño se ha de considerar como un crimen, sin que la legislación o la despenalización del aborto puedan hacer pasar por bueno lo que intrínsecamente es malo, al igual que la esclavitud, o el antijudaísmo no dejan de ser lacras sociales del pasado por más que las legislación más modernas en su época reconocieran derechos a los genocidas y a los esclavistas.



Carlos Pérez- Roldá