martes, 24 de diciembre de 2013

Que no nos apaguen la luz de la tradición

Que la luz de la tradición que ha permanecido a la espera sea capaz de alumbrar el camino que necesariamente nos tiene que llevar a un mejor futuro, que el poder político no vuelva a ocultar la luz de la tradición.


Hoy vivimos a vueltas con la subida de la luz, que si subidas de los peajes estatales, que si subastas de energía, y un largo etcétera que sólo trata de justificar los desaguisados gubernamentales en una nefasta política energética que provoca la privación a muchos ciudadanos de un servicio que debería ser básico.

Cerramos el año 2013 y abrimos un nuevo año 2014, es momento de balances, y nosotros no sabemos hacer balances sin referencia a la tradición.

El año 2013 por desgracia ha sido un año rico en conflictos y en debates, la mayoría de ellos estériles, no obstante es necesario reflexionar que si la mayoría de las cuestiones han alcanzado notoriedad durante los últimos meses, sin embargo son ya viejas para los tradicionalistas que desde 1978 venían denunciando lo perverso de una Constitución mal orientada hacia el bien común y sumamente olvidadiza de las enseñanzas de nuestra historia.

Bastan algunos ejemplos como botón de muestra, así el debate sobre la necesidad o no de las Comunidades Autónomas. Los poderes fácticos constituyentes se olvidaron del principio de subsidiariedad social, se olvidaron de los municipios, y montaron un Estado arbitrario que encontraba reposo en unas dichosas Comunidades Autónomas que se convertían en segundos estados. Y ahora después de tantos años se dan cuenta de la duplicidad de competencias, de la desmesura del gasto público, y del cada vez más creciente número de funcionarios. ¿Esto no ha sido denunciado sistemáticamente por el tradicionalismo español desde la misma creación del engendro autonomista?

La corrupción política y moral. Desde hace algunos años se viene prescindiendo en la política y la economía española de la moral como norma y guía a seguir. Se nos viene repitiendo que la moral, la ética más elemental, es una atadura que no responde a la realidad de ciudadanos libres que reconoce la constitución. Desde hace los mismos años los tradicionalistas venimos demandado la introducción de una ética social básica, o moral común en la vida política y económica. ¿Ahora la sociedad se da cuenta de la necesidad de introducir valores éticos y morales a la vida política y social, no lo venía anunciando el tradicionalismo desde hace años?

La libertad educativa y la calidad de la enseñanza. Seguimos apareciendo en materia de educación los últimos de la cola en cualquier informe europeo o internacional, sin embargo somos de los países europeos que más dinero invertimos por estudiante. Parece una contradicción y sin embargo nuestra pésima calidad educativa es consecuencia lógica de la falta de libertad. La libertad educativa de los padres, unida a la necesaria disciplina de los alumnos son el requisito imprescindible para una buen nivel de enseñanza. Sin embargo nuestro sistema desde los primeros gobiernos socialistas ha atacado sistemáticamente la libertad educativa de los padres mediante la dificultad de elección del centro, la prohibición de la educación diferenciada, la escolarización de los menores por criterio de edad y no criterio competencial, la eliminación de la religión como una asignatura más curricular, y a la vez se ha relajado la disciplina de los alumnos, permitiendo a estos la libertad que el sistema niega a sus padres. ¿Y el tradicionalismo no viene reclamando desde hace décadas la libertad educativa que se ha negado sistemáticamente?

Es decir, el balance que hacemos del 2013 aunque parezca contradictorio no puede ser más favorable al tradicionalismo, pues se ha evidenciado que nuestros antiguos debates, nuestras eternas inquietudes políticas y sociales, son hoy en día inquietudes presentes en la sociedad, aunque se presentaban ocultas tras un poder político que configuraba artificiales realidades sociales sin resolver los problemas reales de nuestra sociedad.

Con este balance, y con la confirmación de que el tradicionalismo está vivo, solo es posible fijarnos un objetivo para el nuevo año: que nuestras soluciones, las soluciones políticas y sociales que venimos defendiendo desde hace más de 170 años, con las oportunas actualizaciones y adaptaciones a la realidad social, se conviertan en las soluciones que necesita una sociedad española cada día más empobrecida moral y económicamente. Que la luz de la tradición que ha permanecido a la espera sea capaz de alumbrar el camino que necesariamente nos tiene que llevar a un mejor futuro, que el poder político no vuelva a ocultar la luz de la tradición.

Carlos María Pérez- Roldán y Suanzes- Carpegna